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0000-00-00 | IMPUESTOS Y REBELIONES: EL CÓDIGO DEL REY HAMMURABI

Hasta que al rey Hammurabi (1728-1686 a. C.) no se le ocurrió poner la ley por escrito, la gente estaba sometida al capricho de los jueces. Cada uno aplicaba la norma que le parecía y nadie sabía qué era legal y qué estaba fuera de la ley. Hammurabi elaboró un código, el primero de la historia que ha llegado hasta nosotros, y ordenó que lo escribieran para que la gente lo conociera. El código era muy severo e imponía la pena de muerte para varios delitos incluso para el robo, falsas inculpaciones o adulterio; y aplicaba, a diferencia de los códigos anteriores, la ley del Talión, ojo por ojo, diente por diente, así como las mutilaciones, azotes (raramente) y las penas pecuniarias. Hammurabi decía que el código debía servir para "disciplinar a los malos y evitar que el fuerte oprima al débil. Estableció reglas para hombres y mujeres libres, esclavos, médicos, y para la herencia.  

El Código de Hammurabi continúa esta tradición legislativa con una colección de leyes destinadas al uso de jueces encargados de hacerlas cumplir. Se escribió en tabletas y se grabó en piedra para colocarlo en lugares públicos. Una de estas estelas fue llevada a Susa y descubierta siglos después por una misión francesa. La estela fue mutilada para grabar una inscripción victoriosa, que nunca llegó a escribirse, pero conocemos parte de las leyes borradas, por haberse encontrado en tabletas de arcilla. Debajo está grabado el Código, que se inicia con un prólogo en el cual el rey da los motivos que le movieron a legislar. Se observa un endurecimiento de los castigos si lo comparamos con las reglas anteriores, lo que hace suponer que los tiempos revueltos exigían medios más expeditivos. Los tributos se aplicaban, en esta etapa, al trigo, la lana, aceite, dátiles y otros rubros.

La piedra donde aparece grabado este código, con sus 282 leyes, se exhibe en el Museo Louvre de París, Francia. Fue un intento de transparencia contra la discrecionalidad y el abuso, pues, cada quien debía conocer las consecuencias de sus acciones y cada autoridad limitarse a la aplicación de la ley sin exceso.

En el Apéndice Único de esta obra se reproduce su texto, excluyendo las faltantes 79-87 mutiladas, con traducción libre, de dominio público. Muchas de sus leyes parecen convenientes para ciertos delitos que se experimentan en el mundo de hoy.